Si todo proceso terapéutico tiene como función hacer consciente lo inconsciente y constatamos que el inconsciente tiene su hábitat en el cuerpo, la Terapia de Eje Central trata de propiciar una vía directa del cuerpo a las emociones y de las emociones al cuerpo, creando una sensación de darse cuenta, de ser consciente, de liberación y de explicación que va más allá del pensamiento. 

La TEC propone darle a la mente su lugar, (el justo y no todo el lugar como otras técnicas terapéuticas propugnan) para ello, como primera forma de acceso a la regulación de la importancia de la mente, se prioriza

  • la consciencia del cuerpo y la descripción de las emociones. Se intenta restarle importancia a la mente obsesiva.
  • revisar las palabras con las que formulamos nuestros pensamientos
  • objetivar las creencias que determinan la forma de filtrar nuestra visión de la realidad

Es indispensable conocer el cuerpo y su funcionamiento, principalmente del diafragma y por ende de la respiración para crear la consciencia corporal que permita liberar el inconsciente. 

Incluso en el mundo de las ideas y de los proyectos se utiliza la frase “tomar cuerpo” a algo que se consolida, también se utiliza el término “vertebrar” para describir el ordenamiento, la colocación en su sitio de ideas dispersas, y esto es precisamente lo que se busca en la TEC, ordenar conscientemente el pensamiento, las ideas negativas, las ideas obsesivas... 

Consideramos necesario comprender lo que sentimos, relacionar nuestras sensaciones y pensamientos con fenómenos vividos y esto se realiza progresivamente a medida que somos capaces de acercarnos de forma automática, espontánea y consciente a nuestro Eje Central, para ir soltando las reacciones que determinan nuestros pensamientos y los pensamientos que generan reacciones emocionales.

El discernir entre los pensamientos obsesivos que siempre están al servicio del síntoma o de aquello que nos hace sentirnos mal y los pensamientos creativos, que ayudan a la conciencia a integrar la vida, es una forma de entrenamiento mental. 

Para poder enfocar la solución a muchas de nuestras sensaciones de angustia y sufrimiento necesitamos la reducción de pensamientos y eso precisamente nos ayuda a la comprensión, lo que nos permite la integración del presente.

El pasado no puede ser cambiado, pero si, a través del trabajo terapéutico o de crecimiento personal, se cambia la relación que mantenemos con el mismo, haciendo posible vivir en el presente, y por ende, cambiar el futuro. 

Para la explicación, aceptación, comprensión, integración del pasado y de nuestro presente, la TEC se apoya en una comprensión amplia del inconsciente y en los principios propuestos por Hellinger en su teoría sobre los Ordenes del Amor:

  • Primer Orden del Amor: La pertenencia

 

“Todo el mundo tiene su lugar”: pertenecer significa principalmente sentir que tenemos un lugar y obviamente, ya que siempre lo tenemos, sentir que lo ocupamos, dentro de la familia en primera instancia y después, en la vida, en contextos y relaciones cada vez más amplios.

Para sentir que pertenecemos es imprescindible darle un lugar a todos los que forman parte de nuestros sistemas, en primer lugar nuestra familia actual, la de origen y el resto de relaciones y así se va ampliando la consciencia de “formar parte”.

  • Segundo orden del amor: La jerarquía. Aplicada en el tiempo.

“Quién está antes tiene preferencia”, este orden significa que es el tiempo uno de los elementos, hoy por hoy no tenidos en cuenta, que determina nuestros roles, nuestras prioridades, etc...

Si no le hemos podido dar lugar a quién ha estado antes, difícilmente podemos dárselo a quién esté en el presente.

Este orden tiene una excepción: la familia actual tiene prioridad sobre el sistema familiar de origen, aunque en el tiempo haya aparecido después,,.

  • Tercer Orden del amor: Reciprocidad: la igualdad entre dar y recibir

En relaciones de igualdad, debe haber un equilibrio entre dar y recibir y en caso que esto no se dé, al final puede haber sufrimiento por ambas partes.

 

Este nuevo paradigma de integración, se ha ido imponiendo en nuestra forma de entender el proceso terapéutico y ha ido rompiendo los viejos esquemas de interpretación de la relación terapéutica, de los procesos de transferencia y contratransferencia, del objetivo de la terapia, del enfoque de las soluciones, para convertirlos todos ellos en una terapia para la vida y no en una terapia para teorizar la vida.

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