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Miércoles, 02 Diciembre 2015 Escrito por Rafael Castelló Categoría: Eje Central Visitas: 6963

 

A nivel emocional el Eje Central produce una sensación segura y cálida que permite la liberación de material inconsciente desde un lugar vivido como poco amenazante, esta vivencia viene determinada por un elemento fundamental que es el contacto con el terapeuta. 

El terapeuta y los contactos: la presencia del terapeuta se verifica a través de... 

 

  • el contacto verbal: las palabras que animan a no rechazar lo que se vive, a permitirse vivir las emociones   
  • el contacto físico con empatía, con el toque mano-brazo, con el toque mano-vientre y con el acompañamiento de los movimientos de la respiración 
  • el contacto visual: la mirada sin juicios que acompaña la comprensión y aceptación de los procesos emocionales  
  • la presencia en actitud de "vacío", de quietud del terapeuta, también puede decirse que el terapeuta entra en contacto con su propio Centro, energéticamente la "Línea Media".

Para explicar la postura de cada ser humano, una de las reglas que describió Mézières es la respuesta automática e inconsciente que el cuerpo realiza para evitar el dolor, incluso antes de que notemos conscientemente la sensación del dolor, dando como resultado la contracción muscular, lo que esta autora denominó el REFLEJO ANTALGICO A PRIORI.  

El dolor crea una hipo-movilización del cuerpo que ancla al sujeto reduciendo un movimiento, no permitiendo otro. Para huir del dolor, el cuerpo se organiza sobrecargando una parte. En el 95% de los casos, según Meziérès, las causas del dolor están lejos en el espacio y en el tiempo de dónde éste aparece. 

Esta explicación del funcionamiento del cuerpo nos sirve también como acercamiento a la comprensión y a la integración de las emociones, que pueden generar una respuesta muscular cuando en la vida de cada persona han tenido la intensidad, la importancia o la duración como para quedarse fijadas como Reflejos Antálgicos a Priori, tal y como en psicología se ha denominado “mecanismos de defensa” o “corazas musculares”. 

Las vivencias del pasado tienen en muchas ocasiones una respuesta emocional en el presente, a través de las emociones básicas que se convierten en respuestas corporales: miedo, rabia, pena y alegría (o calma). Podríamos decir que el cuerpo es reactivo a las situaciones inconscientes que despiertan y/o evocan viejas respuestas emocionales y a los pensamientos que los acompañan.

 

 

 

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